Durante mucho tiempo se habló de la sostenibilidad como una decisión individual: lo que cada productor hace o deja de hacer en su parcela. En las Verapaces hemos aprendido algo distinto. Cuidar el suelo, el agua y el bosque es una tarea demasiado grande para una sola familia, y demasiado importante para dejarla al azar. Por eso la asumimos juntos.
Lo que una parcela sola no puede
Un pequeño productor difícilmente puede costear por su cuenta una certificación orgánica, un análisis de suelos o las plantas que necesita para renovar su cultivo. Organizado en una cooperativa, sí puede. La certificación se gestiona en grupo, el laboratorio y la biofábrica trabajan para todos, y el vivero produce cada año millones de plantas forestales y agroforestales que llegan a las comunidades.
Ese es el sentido de una federación como FEDECOVERA: poner al alcance de miles de familias q’eqchi’ y poqomchi’ lo que ninguna tendría por separado. Asistencia técnica, insumos orgánicos, acopio, procesamiento y acceso a mercados forman parte de un mismo sistema, y ese sistema pertenece a quienes producen.
Producir bajo el bosque
El cardamomo, el café y el cacao de nuestras cooperativas crecen en sistemas agroforestales, a la sombra de otros árboles. No es un detalle técnico: es una forma de producir que conserva la humedad, protege el suelo de la erosión, da refugio a la biodiversidad y diversifica los ingresos de la familia.
Cuando una comunidad entera adopta este modelo, el efecto deja de medirse en parcelas y empieza a medirse en paisajes: laderas que se recuperan, fuentes de agua que se mantienen y bosques que vuelven a conectarse.
Decidir juntos también es sostenibilidad
La sostenibilidad colectiva no se limita a lo ambiental. También está en la forma de tomar decisiones. En una cooperativa, las prioridades se discuten en asamblea y los beneficios se quedan en la comunidad: se convierten en servicios de salud, becas, capacitación y nuevas oportunidades para mujeres y jóvenes.
Por eso decimos que lo que cosechamos no son solo productos. Cuando la sostenibilidad es de todos, deja de ser un requisito del mercado y se vuelve un proyecto de vida compartido, pensado para las generaciones que vienen.